El paso del tiempo

La historia seguramente recordará el 1º de mayo de 1974. Ese, sin dudas, fue un día que quedó marcado en el espíritu de mucha gente.... Por Cuarto Intermedio

La historia seguramente recordará el 1º de mayo de 1974. Ese, sin dudas, fue un día que quedó marcado en el espíritu de mucha gente. Desde el mítico balcón de la Casa Rosada, el Presidente Juan Domingo Perón pronunció un discurso que no fue uno más.

(Cuarto Intermedio – 26 de octubre de 2011)- Las tensiones se palpaban desde antes; la violencia ya se había manifestado. Las contradicciones entre quienes tenían más años y más peronismo (en tiempo) en su haber -las organizaciones sindicales-, chocaban contra una gran masa de jóvenes que creía (o aspiraba a) ser el cerebro y conductor del movimiento en su conjunto. Estos jóvenes estaban convencidos de que la evolución natural del peronismo era un sistema político de izquierda, y que las armas, tanto para traer al líder a casa, como para implementar esta nueva sociedad, estaban para usarse.El contexto (los años ‘70) influía, claro; en ese entonces, este tipo de pensamiento y revoluciones armadas era moneda corriente. Pero también, la ambivalencia del general desde el exilio, les dio de comer. Perón catalogó a estos jóvenes -los montoneros- como formaciones especiales integradas por una juventud maravillosa, y los alentaba desde el exilio. Llegó a decir que la juventud debía empeñarse en realizar su objetivo, “por las buenas si es posible, y si no, por las malas”. Sostuvo también que la violencia empleada por los únicos pueblos que quieren liberarse, en realidad, no era violencia, sino justicia.Ese día, el día del trabajador, el Presidente de la nación, elegido para su tercer mandato con más del 60% de los votos en octubre del ‘73, se enfrentó a una multitud. En la Plaza de Mayo, repleta, había argentinos y argentinas, y peronistas de todo tipo y tenor. Y estaban los montoneros, que cuestionaban a su líder, porque desde su punto de vista se había rodeado de personajes de derecha, o integrantes de la llamada “burocracia sindical”. Desde el llano cantaban,

Y Perón los echó de la plaza, tratándolos de imberbes, calificándolos luego como “estúpidos que gritan”. Y así, de a poco, los montoneros comenzaron a oponerse abiertamente al gobierno peronista, a retomar las operaciones militares, y poco tiempo después terminaron pasando a la clandestinidad.Retrospectivamente, hoy la pregunta es, ¿el líder se ofuscó, y sus jóvenes se ofendieron? ¿Qué pasó, Perón perdió el control? ¿O en realidad esta juventud maravillosa no era imberbe, sino imbécil, por creer en la guerrilla y las armas en plena democracia, y de las palabras de Perón se desprende la sabiduría que da el paso del tiempo?Algunas de estas preguntas todavía siguen sin respuesta. Y no se si algún día las tendrán.Pero la historia continúa, y el domingo pasado, no fue el 1º de julio de 1974. El domingo, la Presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, resultó reelecta con casi el 54% de los votos. Y a la noche, también se enfrentó a su gente y al resto del pueblo. Muchos jóvenes la vivaban con cánticos y banderas, primero en el hotel, luego en la plaza. Y llegaron a silbar, gritar e insultar cuando la Presidenta osó agradecer, por ejemplo, la felicitación recibida de Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Y Cristina tuvo la sabiduría de decir “no, no griten, no seamos pequeñitos, así no”. Y llamó a la unidad nacional y a la tolerancia; a la construcción y a mejorar lo que hicieron otros.Y la muchedumbre se serenó. De un lado y del otro del televisor.Tal vez sea la sabiduría de los años, tal vez sea el tercer mandato. Los desafíos que quedan por delante, son muchos, pero no son imposibles. Por ello, tras estas palabras, se abre un compás de esperanza para quienes no compartimos la información mentirosa del Indec, la sensación de inseguridad, el inicio de la reivindicación de los derechos humanos en 2003, o las técnicas agresivas y violentas de, entre otros, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.Como decía el eterno Ángel Amadeo Labruna, “los pingos se ven en el verde césped”.La oportunidad es tuya Cristina. Tal vez peque de ingenuo. Pero hoy pienso, ojalá, Cristina, ojalá.